
Esta entrada escapa un poco a la temática habitual de mis intervenciones en este espacio. Sin embargo, coincidiendo con que una persona amiga y muy querida comienza estos días su andadura profesional independiente, he querido dejar aquí esta reflexión. Al fin y al cabo, emprender también es una estrategia. Y sé que es probable que muchos de vosotros también os lo estéis planteando ahora mismo.
Nadie nos enseña a emprender (me refiero a emprender sólo con nuestra capacidad y muy poco dinero como todo recurso). Es un camino que hay que transitar descalzo para sentirlo y aprender de cada piedra, de cada espina, y por supuesto, de los tremendos golpes que te das en cada tropiezo. Para el emprendedor, equivocarse no es un error, es una lección. Cuando te equivocas, te levantas lo más rápido posible y vuelves a la carga con la lección aprendida. A veces, algunos emprendedores comparten generosamente esas lecciones, aprendidas a palos, con el resto del mundo. Esa información, no nos ahorra nuestros propios golpes, pero al menos nos ilumina el camino (recorrido y por recorrer).
Hace algunas semanas, leía en el blog de Fernando de la Rosa una interesante entrada en la que se pregunta ¿cuánto vale una idea?. Si no lo habéis hecho todavía, os recomiendo que la leáis. Para resumir, Fernando plantea (imagino que en base a su propia experiencia) 4 fases que atraviesan las empresas de comunicación y publicidad a la hora de poner precio a servicios basados en la creatividad:
FASE1: Número de horas: facturas cada hora que trabajas en un proyecto multiplicando por X€ la hora.
FASE2: Tarifas: estableces una tabla de relaciones entre trabajos y precios.
FASE3: En función del cliente: básicamente cobras lo que crees que el cliente puede pagar.
FASE4: En función del valor que le aportas: tu trabajo vale en la medida en que aporta valor a alguien.
La cuestión es que yo llevaba ya un tiempo pensando en las fases de evolución de este tipo de empresas, y al leer la reflexión de Fernando me pareció interesante enlazarla y valerme de ella para completar mi propia reflexión.
Repasando mi experiencia y la de muchas empresas, todas nacidas y construidas a pulso a partir de la proyección profesional individual (o de un pequeño grupo de personas), me llama la atención que todos pasamos por 4 fases en virtud de los objetivos que perseguimos:
FASE 1, Volumen: al principio quieres currar todo lo que sea posible, pillas todo lo que ves pasar y cuanto más mejor. Haces experiencia, aprendes, construyes, te vas labrando un camino. Tienes tiempo y estás dispuesto a utilizarlo para producir. Facturar por horas viene bien aquí, pues no te importa echar 20 horas al día, es práctico, cuantificable y fácil de justificar (y cuando estás empezando tienes que justificarlo todo). Parece lo más justo, pues al fin y al cabo, tu coste principal son horas (o al menos eso crees entonces).
FASE 2, Orden: durante un tiempo has pillado todo lo que pasaba por delante, pero tanto trabajo te sumerge en el más absoluto caos. Asomas la cabeza de entre la pila de papeles que hay encima de tu mesa, con los ojos rojos buscas otro café y sigues trabajando. Ha llegado el momento de poner orden, estabilidad y sobre todo previsibilidad a tu vida profesional. Entonces, una tabla con tarifas resulta lo más apropiado. Ya llevas un tiempo trabajando, eres relativamente valioso para tus clientes, y eso te permite establecer unas tarifas que te permitirán cobrar más por ciertas horas “cualificadas”, lo que, en teoría, mejorará tus ingresos globales.
FASE 3, Rentabilidad: todo muy bonito, pero sigues igual: currando hasta las muelas y tus ingresos apenas se han incrementado. Haz asegurado el trabajo, haz asegurado el ingreso, pero no tienes asegurado el beneficio. Entonces te das cuenta que la clave no está en que la hora de creatividad es diferente de la hora de diseño, o de la hora que te has pasado esperando a un cliente que llegó tarde a la cita. Al fin y al cabo, tu recurso más limitado son tus horas, y dá igual en que las consumes, ya llevas un tiempo en esto y estás en condiciones de hacer valer todas tus horas. La diferencia está, piensas entonces, en que hay clientes dispuestos a pagar más y otros dispuestos a pagar menos. Recuerdas aquella frase de que una cosa vale lo que alguien esté dispuesto a pagar por ella y empiezas a columpiarte con los precios según lo que supones que está dispuesto a pagar el cliente. Esto te permitirá conseguir, en algunos trabajos, un margen de beneficio extra muy considerable y apetitoso. Entonces piensas: “por fin ganaré pasta”.
FASE 4, Gratificación: llega un momento en que si has hecho bien los deberes, te empiezas a encontrar negociando con jugadores cada vez más competentes, con mayor capacidad de presión y control sobre la negociación. Vamos, te empiezas a topar en tu camino con algunos peces gordos y huesos duros de roer que tienen la habilidad y el poder de manipularte. ¿De verdad crees que Telefónica estaría dispuesta a pagar alegremente un 500% más sobre tu tarifa habitual, o sobre su valor de mercado?. Entonces aprendes otra lección: el cliente nunca está dispuesto a soltar un sólo euro por encima de lo que él cree que vale lo que tú le aportas. Ahí te das cuenta de que la única manera de ganar dinero es aportando valor al cliente, lo que se traduce en haciéndole ganar más dinero. Te conviertes en socio estratégico de tus clientes: si él gana, tú ganas. Si él pierde, tú pierdes. Su negocio es ahora también tu negocio, lo que te lleva a una implicación que incluso te agradece y premia con su fidelidad. Al mismo tiempo, tú, que llevas unos cuantos años trabajando y formándote en la profesión, que ya te has labrado una reputación (aunque sea entre un grupo reducido de personas), y eres consciente de tus habilidades y del valor que aportan, has llegado a una etapa de tu carrera en que el dinero ya no es suficiente motivación para trabajar: necesitas, además, una gratificación metaeconómica (en forma de reconocimiento social, más tiempo libre, mayor libertad creativa, etc.). La única manera de obtener esto es trabajando “con” tus clientes, en lugar de “para” ellos, y ganando dinero “con” ellos y no “de” ellos. Es lo más justo para ambos, aunque claro, nadie ha dicho que sea fácil.
Como veis, estas cuatro fases se corresponden a la perfección con las cuatro que menciona Fernando. Y al igual que aquellas, creo que son necesarias para madurar profesionalmente. Me gustaría decir que puedes ahorrarte las tres primeras fases e ir directamente a por la cuarta, que parece ser la más divertida y rentable. Pero no es tan sencillo. Empezar en la cuarta fase es un salto sin red, no es imposible, pero tendrás que tener mucha pericia y experiencia, además de estar muy preparado para no darte el golpazo de tu carrera. Conozco demasiados proyectos que han patinado justamente por saltarse etapas cuando necesitaban madurar. Si no lo tienes claro, mejor empieza por el principio y ve dando los pasos cuando sea el momento.
Aunque claro, la Fase 5 quizás sea “pasa de todo lo que dicen los demás, tú estás por encima”. No lo sé, yo acabo de empezar la cuatro y aun me estoy enterando.
Mau Santambrosio
Si quieres saber más de mi, puedes visitar mi blog Marketing del Retail o seguirme en Twitter
Tags: emprendedores, emprender, estrategia, fases, Mau Santambrosio
Mau
Ay Ay Ay que estoy “enganchada” a todo lo que escribes. Me siento más que identificada, con ganas de tener clicmetrics en marcha con mi nombre, mi cara y mis ganas pero nunca sola. Con colaboradores con sólidos conocimientos y un toque especial para convertir.
Colaboradores “con” los que trabajo mano a mano, como tú!!!!! Gracias por seguir participando y animando el blog.
Un besote
Elena
Igual que Elena, me siento identificada en todo lo que escribes. Aunque estoy en plena fase 1, bueno, me atrevería a decir que en la Introducción previa a la FASE 1 aunque el mantra de la FASE 5 tb me lo aplico.
Ya he podido experimentar “lecciones” y sí, no son errores, son lecciones. Pero me dejo guiar por mi intuición y me digo “vale, se ha cerrado esta puerta, ostras! pero si ahí hay otra! vamos a abrirla a ver qué tal”.
Me autodenomino emprendedora entusiasta pero voy a añadir otro apellido: obstinada
.
Gracias por el post, ha sido como encender una cerilla en el bosque de la Emprenduría!
Hola Mau.
Te leo y me escucho diciendo eso, eso. El problema es que para llegar a 4 es necesario pasar por todo lo demás porque si no es difícil que alguien confíe en ese valor añadido sin demostración de otros casos, clientes etc. Y en según qué sectores se necesita todavía cliente más preparado o educado para entender las diferencias entre unos profesionales y otros y con demasiado frecuencia el precio se compara sin tener en cuenta todas las condiciones. Vender servicios es muy pero que muy difícil pero tengo que confesar que comprar servicios también es una tarea comprometida. Un post genial, gracias!
Muy interesante los matices que añades Mau. La verdad es que es muy dificil organizarse con las tarifas siendo autónomo…
A mi una de las cosas que me preocupaba como cambiar el modelo de retribución con un cliente que ya tienes, es casi imposible cambiarles la idea que ya tienen.
Un abrazo grande, welcome back!!!
Felicidades Mau, no quiero perder este post, puede que algún día me sirva de referencia
Sólo decirte que a veces tienes que realizar modelos mixtos estilo unos clientes en Fase 3, otros en 4, 1 ó 2.
Este año ganamos un cliente rollito si tú ganas yo gano y si no, pues como tú, partners en el trabajo y en el riesgo y de verdad eso da una satisfacción increíble… sobre todo cuando la cosa va bien y de momento … ¡va estupendo!
Buenas, muchas gracias a todos por vuestros comentarios. Os voy respondiendo aquí:
#Elena, sólo decirte lo que ya sabes: es un placer colaborar contigo y escribir aquí.
#Pilar, la intuición es el mapa genético del emprendedor, y a la larga, es lo que te hace diferente, pues único que no se puede copiar. Lamentablemente, con tantas “tonteorías” dando vueltas por ahí, a veces nos volvemos un poco mecánicos y olvidamos nuestras conexiones con la naturaleza (el instinto, entre ellas). Gracias por pasarte por aquí y me alegro que este post te haya ayudado.
#Magalí, bienvenida y gracias por pasarte por aquí. Totalmente de acuerdo con lo que dices: es un proceso de etapas y cada una deja un sedimento que sirve para afrontar la siguiente. En el proceso evoluciona uno, evolucionan los clientes, y evoluciona la relación entre ambos. Para ir directamente a la 4 hay que tener mucha “cintura” y experiencia, y aun así, te la juegas. Vender servicios, como dices, es muy muy difícil, algún día podríamos escribir sobre eso. Gracias por tu comentario.
#Dani, es cierto, cambiar el modelo de retribución con un cliente de años puede ser muy difícil. O no. Si no cambias el modelo de servicio, será prácticamente imposible. Imagina que de repente, una mañana vas a comprar el periódico y te lo quieren cobrar por cantidad de caracteres. El mismo periódico de siempre del que tú sólo lees el 15% de los textos, pero tienes que pagar el 100%. ¿Suena injusto no?. Si cambiasen el modelo del producto y pudieras elegir las noticias que te llevas, igual no te importaría pagar por caracteres.
Para mi está claro que no puedes cambiar el modelo de retribución sin replantear el producto. En nuestro caso, el paso de una fase a otra implica reinventarse un poco.
También es cierto, y tu comentario y el de Magalí me han hecho pensar en ello, que probablemente entre fase y fase sea necesaria una criba de clientes. Elegir cuáles están dispuestos a asumir esta nueva etapa con nosotros y quizás, si es necesario, buscar nuevos clientes (con esto en mente). No todos los clientes nos valen para llegar allí donde queremos ir.
Gracias por tu comentario. Un gran abrazo.
#Javier, yo creo que es la forma más justa de retribución (al menos de las que he conocido hasta ahora). Además, ya no te importan las horas que eches, ni el desafío que suponga. Al fin y al cabo, estás dentro del juego y no fuera. Es también tu partida. Y la satisfacción que da es genial, porque es verdaderamente un premio. No es que quede por fuera la cuestión económica, pero sí la mercantil. Y con esto, tu cliente deja de verte como un ave de carroña que está buscando siempre donde clavar su diente (lamentablemente, siempre hay gente que nos ve así).
Hoooooola!!!
La verdad es que me ha encantado el post!
Me ha parecido muy bueno el giro para hablar de los emprendedores y no de los modelos. Muy chulo!
Suscribo la dificultad de cómo cambias de modelo de uno a otro. La clave, es probar nuevos modelos con nuevos clientes. Yo es l aúnica manera que he encontrado. Es más facil. Y una vez implantados probar con los antiguos y sino toca ir evolucionando. Es ley de vida… Gracias por la referencia.
Gran post! Me ha gustado mucho!
TITONET
Hola Fernando,
totalmente de acuerdo: a veces hay que sacrificar clientes en el camino (reconozco que esto a mi me cuesta demasiado, pero voy aprendiendo). Evolucionar también es soltar lastre.
Gracias por el comentario y la referencia en tu blog
[...] Gran post de Mau Si te ha gustado, no dudes en volver [...]
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